“Adrian Mutu es un niño mimado con la enorme suerte de albergar un gran talento, que sin embargo no ha sabido aprovechar”, afirma el psicólogo rumano Florin Tudose cuando comentamos las turbulentas andanzas del chico de Pitesti. Su prometedora carrera arrancó a cien por hora, a casi tanta velocidad como el bólido que manejaba por las calles de Bucarest antes de que su osadía le costara el permiso de conducir.
Formado en el club de su ciudad natal, el Arges Pitesti, saltó al primer equipo en la temporada 1996/97 con tan sólo 18 años. Al cabo de dos cursos, fichó naturalmente por el Dinamo de Bucarest, el equipo estrella de Rumania. El segundo año marcó 18 goles en otros tantos encuentros, y se convirtió en uno de los protagonistas de la conquista del doblete nacional de liga y copa, a pesar de que antes de terminar el ejercicio ya había fichado por el Inter de Milán.
A partir de entonces, todo empezó a ir cada vez más rápido para este joven prodigio, todo un maestro de la técnica y provisto de un potente disparo.
En Milán, abrió su cuenta goleadora a los nueve minutos de su primera aparición en defensa de sus nuevos colores. Pero a causa de la restricción que limitaba el número de futbolistas extracomunitarios, prefirió fichar por el Verona con el fin de disfrutar de más minutos de juego. En su segunda temporada allí, hizo doce tantos, pero no pudo impedir el descenso de los veroneses a la Serie B.
Un cambio acertado
La víspera del último día del mercado de fichajes fue reclutado por el Parma, donde trabó conocimiento con un personaje crucial para el futuro de su carrera deportiva. El entrenador Cesare Prandelli le colocó en el flanco izquierdo del ataque, a él, que hasta entonces había jugado de lateral zurdo antes de adelantar su posición y transformarse en centrocampista ofensivo. Enseguida demostró lo bien fundado de aquella decisión, con un balance en 34 partidos de 21 goles, 17 de ellos en la Serie A. Pronto fue ascendido a capitán, pero decidió hacer de nuevo las maletas y codearse con las estrellas del Chelsea por 23 millones de euros, “una oferta que no podía rechazar”.
Después de un gol espectacular y de un debut espléndido, su rendimiento comenzó a declinar inexplicablemente con el paso de los días, y su relación con el entrenador Claudio Ranieri se ajó.
En septiembre de 2004, dio positivo por cocaína en un control y el 29 de octubre fue despedido por los Blues. Durante los siete meses que sufrió de sanción, se esforzó por mantenerse en condiciones de regresar a la cima del calcio con la camiseta del Juventus de Turín, esta vez como volante izquierdo por órdenes del técnico Fabio Capello. A pesar de su buena voluntad, la Vecchia Signora resultó implicada en el escándalo Moggiópolis, despojada de su título y relegada a la Serie B.
No importó; Mutu nunca se rinde. El Juventus lo vendió al Fiorentina, donde volvió a encontrarse con Cesare Prandelli, quien lo instaló de nuevo en el frente de ataque junto a Luca Toni. En su primera temporada en Florencia, se distinguió con 16 realizaciones en 33 partidos, y fue elegido mejor jugador extranjero. Tras la marcha de Toni al Bayern el verano pasado, Mutu se ha convertido en el líder de la línea de vanguardia, en compañía de Christian Vieri.
Adrian Mutu, contento en Florencia, sueña ahora con disputar la Liga de Campeones la próxima temporada. Pero antes de eso, la Eurocopa tal vez le permita justificar su título de “Don 50%” (hasta ahora lleva 27 goles en 58 internacionalidades con Rumania).



