
Esta competición, demostró la tradición y jerarquía de Brasil, confirmando que es la mejor selección de todos los tiempos.
En cuanto a números del torneo, la competición, que fue seguida en los graderíos por 584.894 espectadores (36.556 de media) según datos estadísticos oficiales facilitados por la FIFA, tuvo al cuadro sudamericano como referencia al atesorar el título y los nombramientos más reseñables, como el mejor jugador en el nuevo jugador madridista Kaká y el máximo artillero en el sevillista Luis Fabiano, con cinco dianas.
Brasil consiguió catorce de los 44 tantos que se marcaron, lo que arroja una media de 2,75 por encuentro, mientras que Irak y Nueva Zelanda se marcharon sin anotar.
La subcampeona Estados Unidos fue la que más goles recibió con nueve, por uno de Irak, el que le marcó David Villa, el único que falló un penal en el torneo.
Ocho de los tantos (el 18,18 por ciento) fueron marcados por jugadores que comenzaron el partido en el banquillo; el estadounidense Jozy Altidore fue el más joven en marcar (ante España con 19 años y 7 meses) y Kaká el autor del gol más rápido (minuto 5 contra Egipto).
En cuanto a pases de gol, dieron tres el egipcio Mohamed Aboutrika, el español Joan Capdevila y los brasileños Elano y Maicon.
Para España, tercera clasificada, queda el honor de haber obtenido la victoria más amplia, el 5-0 conseguido frente a Nueva Zelanda en la primera jornada.
Brasil ganó los cinco encuentros disputados y Sudáfrica y Estados Unidos fueron los equipos que más derrotas sufrieron en la competición, con tres.
En el capítulo de tarjetas, los árbitros mostraron 50 cartulinas amarillas (3,13 de media), con Sudáfrica y España con diez, y cuatro rojas (0,25).


